One and One is One de María Teresa Hamon

“La naturaleza, comprendida y dominada científicamente, reaparece en el aparato técnico de producción y destrucción que sostiene y mejora la vida de los individuos al tiempo que los subordina a los dueños del aparato”.
Herbert Marcuse

“Hay en los ojos humanos, incluso en los litográficos, una cosa terrible: el aviso inevitable de la conciencia, el grito clandestino de que hay alma”.
Fernando Pessoa

Una constante necesidad de racionalidad nos acompaña a lo largo de nuestra existencia, como un faro que, visto a lo lejos –en la niebla de las posibilidades– parece sugerir la ruta correcta hacia algún puerto que intuimos seguro.
La racionalidad ha sido considerada uno de los elementos imprescindibles para el avance del conocimiento en el mundo occidental. Tanto así, que el desvío de sus caminos es frecuentemente etiquetado como locura patológica. El afán de racionalidad impregna cada uno de los aparatos técnicos de producción, incluyendo, por supuesto, la fotografía misma. Es lógico, entonces, que la racionalidad haya sido y siga siendo fiel amante de la imagen técnica.
De la mano de este espíritu racional, grandes avances tecnológicos han sido capaces de generar nuevos espacios de experiencia donde el único sistema de navegación accesible parece ser la lógica. Es justo ahí donde niegan la posibilidad de construir una mitología personal: una historia personal no centrada en ideales de claridad lingüística y transparencia comunicativa, una historia que cuestiona el principio de contradicción, una historia en la que la intuición, el azar y la sensación son principios guías que conviven en plenitud con sus opuestos, sin ser aniquilados por el garrote de la razón.
Quizás sea en la negación de nuestras mitologías personales donde debamos comenzar a buscar las razones del malestar general que impera en nuestras sociedades: sobrepasar estas imposiciones sería hacerle frente a un sistema lógico que no nos describe ni nos abarca.
One and One is One construye un espacio de aceptación, donde los opuestos conviven, donde la imperfección es bienvenida, y donde el principio de la univocidad sobrevive a la invasión de la irracionalidad, para dar pie a un espacio de interacción extremadamente fértil para la imaginación. El resultado es una dimensión en la que las personas no se mueven únicamente según el mandato de sus consideraciones racionales, en la que sentimos sin saber por qué.
No estamos ante un modelo omnicomprensivo de lo real, sino ante un intento de acceso a un mundo interior. Allí donde reside el misterio del ser.

Salvatore Elefante
Melina Fernández Temes


Diseñado y hospedado por www.caracasmultimedia.com     © 2012 Tresy3. Todos los derechos reservados.


Galería
Inicio       Galería       Tienda         Actividades       Café       Talleres       Servicios       Contacto